domingo, 25 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
Peatones y conductores
Tránsito "pesado"
Vivo en una ciudad muy acelerada. Cada minuto cuenta y no hay tiempo para nada. Sin embargo, sigo diciendo a mis hijos que deben comer sano, hacer ejercicio y no sólo usar la tecnología, que en mis tiempos…
En mis tiempos uno podía circular por calles, avenidas y hasta vías rapidas, sin temor a ser atropellado.
La realidad es que si mis hijos quieren caminar deben hacerlo en el parque que tenemos la bendición de tener cerca de casa, o corro el riesgo de ser tachada por los vecinos de “ mala madre que obliga a sus hijos a andar en camión y a pie” .
Son lo suficientemente chicos para necesitar ser acompañados a donde vayan y en cinco o tres más bien, serán lo sificientemente grandes para ir solos a donde necesiten, en carro.
Después de mis ansias por un café del día de hoy (me dan ansias por café casi todos los días, lo confieso), y al no tener responsabilidad de infantes, decidí ir a pie a la tienda de conveniencia más cercana por él.
Los desniveles, bajadas, subidas, carros atravesados, macetas o árboles que no dejan pasar, me hicieron azaroso el camino, por lo que volví a casa dispuesta a buscar en el Reglamento de Tránsito de mi ciudad, un oasis de verdad.
Al parecer, está prohibido alterar, de cualquier manera las señales de tránsito, así como taparlas de cualquier forma (me viene a la mente dos anuncios, uno que dice 50 k/h y un vivo puso un 1 para que pareciera la velocidad límite 150 k/h, no sé si venga al caso pero muy cerca hay un colegio y justo en su esquina se han accidentado y han muerto varias personas; el otro caso: uno que debe decir “Lázaro Cárdenas, vuelta izquierda”, lo tapa el follaje de un árbol, y uno corre el riesgo de ir a dar a un barrio “bravo”).
No se puede tampoco tirar basura o abrir zanjas sin autorización. Mucho me apena pero la gran cantidad de basura en las calles de México es cuestión de educación, de la que carecen muchos y qué decir de las zanjas, que son las propias autoridades quienes las abren y “olvidan” taparlas, por lo que han quedad dañados vehiculos, si no pasa algo peor, como que la zanja se “trague” a alguien durante una inundación por aguas extraordinarias, como sucede varias veces al año aquí.
No se debería poder, pero se hace, tapar ya sea la banqueta o la calle, o sea cerrarla porque tendré pachanga y voy a poner en plena calle el “brincolín”.
Conocido es que te puedes estacionar al lado de una vulcanizadora para que te arreglen la llanta, porque ellos no tienen espacio en su local; y también la total obstrucción de la banqueta por el que vende pollos asados, verdura o ropa.
¿Por qué se permite tanta infracción al Reglamento de Tránsito?, ¿por qué se tarda tanto el Municipio de mi ciudad para tapar un “bache” que surgió con las últimas lluvias? Tengo por seguro que no es falta de presupuesto. Si acaso será falta de pantalones, para exigir nuestra vía libre caminando o en auto por donde nos plazca. El ímpetu aventurero se me quedó enredado en algún arbol al que trepé en mi infancia en esa colonia que ni a pavimento llegaba, seguramente tampoco tenía señalamiento ni semáforo, pero de tan “rupestre”, el peatón y uno que otro caballo, podía transitar libremente, sin que lo arrollara un vehículo a toda velocidad.
¿Ah, aquellos tiempos!
Es bien bonito quejarnos y decir que los viejos tiempos fueron mejores. Yo propongo un tipo de queja más efectivo. Uno que llegue al menos a la oficina indicada, y darle seguimiento, presentar dos copias de nuestra queja y llevarnos una con la firma y fecha de recibido. Esto es más tardadito, pero no por tardado dejamos de pagar la tenencia, y eso que es un impuesto ilegal. No porque tenga una cola enorme, dejamos nuestras compras y regresamos a casa con las manos vacías.
Si nos quejamos y no damos seguimiento, precisamente estaremos con las manos vacías, ahí sí que no nos quejemos, ¿ok?
Aquí encuentran el reglamento vigente, también está en scribid. Denle una checada.
El conocimiento es poder.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Libros
La Tumba, de José Agustín
Era una mocosa, tal vez estudiaba secundaria, cuando oí sobre el libro de La Tumba, de José Agustín, pero se daban cuenta de mi presencia y cambiaban de conversación, algo muy oscuro tendría ese libro. En esos tiempos, lo oscuro más bien me daba miedo (soy visual, si me quitan la vista, me matan), y sólo alcancé a preguntar a una persona que también le gustaba leer, como a mí, si sabía algo de tal libro. Lo que me contestó me llenó de terror, y ahí acabó el escritor mexicano para mí.
Muchas lunas después; este año, imagina, casada, con hijos, asentada, con suficiente paz interior, que lo compro, ¡y que me llevo la sorpresa! Es un libro entrañable, sincero, que retrata el caótico mundo de un adolescente con posibilidades económicas, en una gran ciudad, infinitamente solo, orbitando ya en un mundo de adultos (deprimidos, indolentes, amorales, había de todo), sin orientación, guía o cuidado de sus padres; y con unas ganas tremendas de comerse el mundo, antes de que pase al revés.
La controversia siguió siempre a este libro, desde su origen, por 1964, y recuerdo que hace tiempo alguien quiso incluirlo en la lista de libros a leer por los estudiantes, de secundaria, (no recuerdo y no encontré la referencia, sorry), el caso es que la Generación de la Onda, a mi ver, fue rechazada por la amplia masa influenciada por la Iglesia Católica, por inmoral, y no tomada en cuenta por la enorme masa de mexicanos que no lee, no sabe un segundo idioma, y tiene problemas más físicos, como tener algo qué comer.
Encontré un maravilloso ensayo en la página que agrego, donde se analiza la obra de la Generación de La Onda, a la cual perteneció José Agustín, además de Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña, es de Victoria Carpenter, “A Flash le gusta bailar”:
Yo recomiendo la novela, pero finalmente, si juegas al Maratón o al Basta, recuerda que hubo en México, y sólo en México, un movimiento literario llamado “La Generación de La Onda”, en los 60´s, que fue único. Tal vez con ese dato, ganes la partida.
Ahí vienen los Zetas, les gusta secuestrar,
Y cuando tú ya estás temblando, son los reyes del lugar.
viernes, 9 de diciembre de 2011
La belleza del desierto
No sé si es sólo una cuestión de idiosincrasia mexicana, o nuevoleonesa, lo que salta a la vista, es que plantamos en banquetas, parques, jardines privados y públicos, vegetación que no corresponde al clima con que contamos.
El concepto de “landscapes” a mi entender, tiene que ver no con la belleza del paisaje, sino con crear ambientes con la naturaleza local, incluyendo flora, pero también rocas, clima, para darnos y dar al forastero idea de quiénes somos, con armonía y sencillez.
No somos ficus, ya la última helada nos lo confirmó (por cierto, por favor, podemos nuestros árboles si sólo tienen ramas secas, imaginen que tienen un dedo gangrenado y no se les amputa o cura), ni modo, no somos pasto san Agustín –gran tragón de agua- , por un pelito y nuestras maravillosas bugambilias tampoco sobrevivían, sí que sufrieron.
¿Bueno, pues qué somos?, o dicho menos filosófico, ¿qué sembramos? Somos una ciudad con limitado abastecimiento de agua y con clima extremo, generalmente calor, pero cuando hace frío, hace mucho.
Se dan bien el encino, huizache (el de las florecitas amarillas en forma de bolitas, las vimos por marzo), anacahuita (da flor blanca, dicen que en té ayuda contra la tos), mezquite (sus vainas saben rico, amargo y dulce), el maravilloso chaparro prieto que con tantita lluvia nos regala sus pequeñas flores moradas, el nopal, la sábila, si no se encharcan en nuestras escasas lluvias, nos dan paisaje, alimento y salud.
Están también aquella enredadera que da bolitas moradas (parra virgen, enamorada del muro, tiene varios nombres), laureles (aguas, dicen que son venenosas), rosales, lavanda, romero, tomillo….
Si queremos tener pasto, plantas y árboles que ni aguantan lo extremo, ni ayudan con el ahorro de agua, hay que pagar las consecuencias. Pienso en nuestros bolsillos y la flora estresada.
Igual de ilógico sería cambiar todo de una vez, se puede hacer poco a poco. Por cierto, ¿han notado que el parque de la colonia tiene al menos seis espacios que por una u otra razón tuvieron algo sembrado y actualmente no tienen nada? ¿Qué vamos a poner allí? Buena pregunta.
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