La palabra empoderar puede llevarnos a una enorme discusión
lingüística. Brinquémonosla. Digamos sólo que se refiere a conceder el poder a
alguien que actualmente no lo tiene, y con ello, puede mejorar personalmente al
igual que su entorno.
También digamos que nosotros, todos los mexicanos (112
millones de personas aprox.), somos el entorno de Peña Nieto, o sea, si a él le
va bien, a nosotros también.
El 37% de quienes votaron le dieron su confianza a Enrique
Peña Nieto, él es el virtual ganador de las elecciones en el País, el virtual
Presidente de México, ¿por qué no, el resto de los votantes, mejor aún, todos
los ciudadanos, todavía mejor, todos los mexicanos, le damos un voto de
confianza, nos imaginamos que tenemos el mejor presidente que pueda haber?
Ya hemos recorrido el camino de inconformarnos, en casos tan
álgidos como las votaciones presidenciales cuando ganó Salinas, cuando “se cayó
el sistema (¿recuerdas?)” y un excelente candidato de izquierda, Cuauhtémoc
Cárdenas, digamos que perdió la presidencia. Protestas, plantones, marchas,
alguna huelga de hambre, no lograron nada. Pero, al menos a mis ojos, cómo
creció Cárdenas al preferir la paz de México.
La siguiente elección volvió a perder, esta vez contra la
sombra de Colosio. Sin embargo, la izquierda se hizo más grande, cada vez más
grande y fuerte.
La primera vez que Andrés Manuel López Obrador contendió
para la presidencia, se autonombró presidente de deveras, logrando poco con su
estrategia, pues no obtuvo esa legitimización de ningún otro país, o sea, fue
visto como un candidato de izquierdas que no llegó a la presidencia y decidió
pasar protestando durante el mandato legítimo de Fox . Finalmente dejó esa
postura y comenzó a hacer proselitismo para su segunda campaña, misma meta, ser
presidente de México, cosa que una muy respetable base de personas secundó,
pero volvió a perder.
El caso es que ganó Peña. ¿Y si lo imaginamos como un
excelente presidente? ¿Y si lo visualizamos como un político muy respetuoso de
los otros partidos y en general, respetuoso de todo el que no esté de acuerdo
con él?
¿Qué pasaría si dejamos de burlarnos, minimizarlo, quejarnos
y empezamos a buscar que cumpla sus promesas de campaña, que se desempeñe sabia
y lógicamente?
¿Cómo ves si empoderamos a Peña Nieto tú y yo, y lo
convertimos en lo que él dijo que podía ser y podía cumplir?
¿Qué tal si, con tu ayuda, sale bueno? ¿O, ganas algo
burlándote de él? La crítica o la acción, pueden servir, pero la burla, ¿de
qué?
Digo.






