sábado, 9 de julio de 2016

La Conexión

Ya quedaban muy pocos hombres en la aldea, la edad requerida para intentar matar al dragón había bajado de más de 21 a 21, 18 a 16, y ahora sólo había un par chicos de 15 años, gemelos.
Alan y Joe eran gemelos monocigóticos, muy raro después de la práctica de concebir a toda costa que tuvieron algunas mujeres a inicios de siglo.
El procedimiento consistía en extraer óvulos del aparato reproductor de la madre e inseminarlos con esperma ya sea de su pareja o de otro, se lograba tener varios embriones capaces de convertirse en un ser humano. Es por eso que había muchos hermanos nacidos el mismo día pero completamente diferentes uno del otro. Con los chicos no sucedió así, tenían antecedentes de gemelos, lejanos e improbables, ya que su bisabuelo fue el número 11 de 12 hijos, él y su hermano fueron los gemelos.

Con ellos pasó algo parecido, sus padres primero no querían, después no podían, luego trataron a toda costa de concebir, teniendo varios abortos, uno, dos, tres, cuatro, el quinto se logró, pero murió a las pocas semanas, y así siguieron sus papás, con embarazos múltiples incluso, hasta llegar a una edad muy avanzada para concebir un bebé sano, los 50 años.

Al saber que de nuevo estaba embarazada la mujer dejó en el acto sus ocupaciones y se echó en la cama. Durante ocho meses estuvo indispuesta, más que dispuesta a “dar a luz”, como se decía antes.
El día que nacieron su madre estaba con los músculos atrofiados, sin fuerzas para pararse, sumida en una depresión, preguntándose si valdría la pena tanto dar para recibir el llanto de un bebé. No sabía que serían dos y que ni siquiera llegaría a oír el llanto, su corazón se paró antes.

El padre tampoco esperaba dos, aunque tantas promesas incumplidas le dieron la oportunidad de ahorrar y tener con qué responder tanto a los gastos del funeral como a las demandas de dos jovencitos que sabría Dios cuánto durarían…

El tiempo pasó, alrededor de cinco años después de la muerte de su mujer llegó el dragón. Sus demandas de sangre fresca eran escuchadas solo por los ancianos, que le comunicaban a toda la comunidad que alguien debía sacrificarse para que el dragón estuviera tranquilo. El pensamiento que cundía, empero, era que lo derrotarían y se acabaría el terror.

Primero llegaban a proponerse a sí mismos caballeros que pintaban ya canas, que tenían hijos y nietos, pero el dragón siempre los vencía.
Después los hijos honraban a sus padres postulándose a esa suerte, la de ser devorado o descuartizado, no lo sabían, nadie había sobrevivido para contar cómo era realmente el dragón, cuál era su punto débil, cuánto duraría esa terrible prueba.

A continuación se vio a muchachos que estaban ya preparados para hacer vida de pareja, con ilusiones y novia, con casa o proyecto de casa y de vida; uno a uno fueron siendo derrotados por el monstruo que en ningún momento mostró simpatía, piedad, para con sus víctimas, lo único que tenían claro era que mientras ese ser estuviera en las afueras del pueblo, en esa cueva que escogió para hogar, nadie podría continuar su vida.

Cayeron gallardos jóvenes, llenos de vida y entusiasmo, de salud y planes, todos cayeron, o es lo que suponían en el pueblo, pues no se volvía a saber de ellos.

La opresión de esperar a que el dragón exigiera otro varón era vivida por todo el poblado. Los ancianos que sobrevivieron se hacían más viejos y no había ya reemplazos, se habían acabado los jóvenes también, lo único que quedaba en el pueblo eran ancianas, jóvenes mujeres y madres de críos, solas.

Alan, con 15 años, casi 16, se levantó una mañana, antes que el sol, su padre había dado ya su sangre al dragón, dejándolos a él y su hermano solos. Sigilosamente se encaminó a las afueras del pueblo, directo a la cueva de esa criatura cruel e insensible, y desapareció.

Cuando Joe se despertó ya era tarde, su hermano ya no estaba con él.
Nunca como ese día había deseado tener esa conexión que solía haber entre ellos dos. No lo sentía, era como si nunca hubiera tenido un gemelo.
Aunque adivinó dónde había desaparecido Alan, con el dragón, no había duda, seguían ellos, pero ¿por qué no esperó? ¿Por qué no echaron a la suerte quién iría primero? ¿Por qué su hermano aprovechó esa ventaja de segundos o minutos, que le daban el mote de mayor? O mejor aún, ¿por qué no habían ido juntos?

Joe sentía una pulsación en las sienes, seca, constante, mientras se dirigía también a la cueva, la gente del pueblo trataba de detenerlo, ya era tarde para Alan, y su sacrificio les daría unos meses de descanso, no había para qué tratar de rescatar a su hermano, una vez en la cueva, nadie había vuelto. Nadie.

Joe tuvo que luchar, sudar y sangrar para alejarse de sus queridos conciudadanos. Ellos no entendían el amor entre su hermano y él, no podían comprender, ¿cómo?

Se fue corriendo hasta llegar a la cueva, sintiendo que la fiebre le consumía, que la sed no le permitiría seguir caminando y que todo el esfuerzo por zafarse del pueblo le pasaba factura, se sentía desmayar.
No logró entrar a la cueva, antes un velo oscuro y frío le cubrió y sintió un fuerte golpe en la cabeza, no supo más.

Tanto Alan como Joe sufrieron esa fiebre violenta, sólo que Alan pronto pasó a sentir frío en todo su cuerpo, después calor en ciertas áreas, sentía que sus pulmones estallarían, que su garganta, llena de pus, no dejaría de doler nunca, que cada articulación estaba atrofiada, que tal vez nunca volviera a volar. ¿Qué, volar?
Las últimas horas volvieron a su cabeza como un hielo: había entrado en la cueva, matado al dragón con su espada y al encaminarse hacia la salida de la guarida, su cabeza empezó a dolerle increíblemente, y sintió esa dolorosa transformación, de humano a dragón. El dragón fue siempre abatido, para después resurgir de la carne del caballero vencedor en turno.
Ahora sentía hambre, sueño, sed, ganas de matar, indolencia por los escuálidos humanos que le alimentaban, ahora sabía lo que era realmente tener poder. Sin siquiera haber matado a alguien, la posibilidad de recibir en unos meses otro hombre para quemarlo con su aliento, le tranquilizaba y le permitía dejar de lado su impaciencia. Lo “peor” que podría pasar era que el héroe lo derrotara y que una vez muerto, él resurgiera de la carne, la sangre, los huesos y tendones del humano vencedor.
¿Qué hechicero había ideado esta carrera?
¿A quién tendría que agradecer tal fuerza, tal dominio, ser ahora tan poderoso?

Joe por su parte también había sobrevivido a la transformación, pero no tan radical como su hermano.
Era evidente que había crecido, 20 centímetros al menos, se le habían caído varias muelas, ahora una barba poblada cubría sus mejillas, sus uñas parecían garras, estaban crecidas y filosas, sus músculos estaban hiperextendidos, como si hubiera hecho ejercicio extremo durante varios meses.

Su ropa estaba hecha girones y difícilmente podía decirse que le quedaba. Había crecido hasta convertirse, al menos en apariencia, en un adulto.

¿Cómo era posible? Crecer duele, había oído a su papá decir cuando se les caía un diente de leche, con algo de sangre y cierto dolor, ¿a esto se refería? ¿Que le había pasado a su hermano? ¿Cuánto tiempo había estado tirado viviendo esa transformación? El paisaje estaba igual que cuando se desmayó, así que posiblemente no hubieran pasado más que días.

Una vez que pudo incorporarse se dirigió al arroyo más cercano, bebió lo que le pareció una eternidad, hasta que sintió haberse saciado, buscó algo que comer entre los arbustos y árboles cercanos, solo encontró mezquites, que aunque siempre le había gustado su sabor agrio y dulce a la vez, no dejó de sentir hambre.

Pronto olió algo, algo que nunca había olido, era un animal que irremediablemente caería entre sus manos, las cuales se cerrarían en su cuello frágil y del cual comería, lo supo al instante. No era que jamás hubiera olido o siquiera comido un conejo, era su capacidad para sentir a su presa, para matar, destazar, se había convertido rapidamente en un cazador.

Muy lejos quedó el sueño que antes había atesorado, sobre construir junto con su hermano grandes edificios que desafiaran las probabilidades de sostenerse en acantilados y barrancos, ahora solo quería dos cosas: cazar y a su hermano.
Así de sencillo, cazar para vivir, vivir para cazar, no depender de nadie, tener todo en un fusil o una caña de pescar, intercambiar sus presas por verduras, sería una buena vida... si solo su hermano compartiera su nueva filosofía.

Pero ¿y Alan? ¡Seguía en la cueva! De golpe recordó el sacrificio que había hecho su hermano al no discutir sobre quién iría con el monstruo, y empezó a correr en dirección de la guarida; pronto llegó al umbral y se paró en seco, caminó unos pasos para acostumbrarse a la oscuridad, y avanzó.

Lo que Joe encontró en la cueva le erizaba los bellos: había decenas de cuerpos, en descomposición, a algunos los recordaba, encontró incluso a su padre, pero no vio a su hermano muerto, una loca esperanza lo envolvió, “si no está en esta pila de sacrificio, entonces está vivo”.

Mientras rebuscaba entre los cadáveres apilados, escuchó una respiración agitada que se dirigía hacia él. Dejó de hacer ruido, de moverse, y escuchó. Pronto las dos respiraciones se hicieron una y Joe comprendió que se había vuelto la presa del dragón.
Solo movió los ojos, hacia los cuerpos, y se pudo percatar de que no presentaban múltiples heridas, tal vez una sola herida de espada, más bien sus cuerpos yacían ¿desinflados?
Claramente escuchó que el dragón inició su cacería, al mismo tiempo él comenzó su huida.

Durante cinco días el dragón Alan asechó y el cazador Joe esquivó, ambos estaban débiles, hambrientos, cansados, somnolientos; días en los que Joe pudo constatar que tenía algunas de las habilidades del dragón, y otras recién adquiridas propias de un experimentado cazador adulto.

¿Esas habilidades le permitirían sobrevivir al animal? Definitivamente no deseaba matar a su hermano ni morir bajo sus garras. Aunque los escondites seguros empezaban a escasear, también la sed se hacía más intensa y el hambre cada vez mayor y más debilitante.

Llegó finalmente el día en que la presa permitió ser cazada, Joe dejó que Alan lo atrapara, solo para dejarle caer una cuerda alrededor de su enorme cuello, y empezó a asfixiar al animal. Ya sin oxígeno, Alan perdió el conocimiento, Joe aprovechó para terminar de atraparlo entre todas las sogas y cadenas que encontró en la cueva, después corrió a la salida, provocó un derrumbe desde lo alto de la cueva, y dejó atrapada a la fiera… pero no se marchó.

Mientras reconocía de nuevo la zona, tomó agua, buscó qué comer y dónde refugiarse en la noche, pero decidió no abandonar a su hermano, no en esas condiciones, ni permitir que nadie volviera a sacrificar su vida para derrotarlo.

Así estuvo día y noche durante semanas. Los lugareños empezaron a buscarlo, y se les hizo una costumbre llevarle de comer y acondicionarle su estadía, con cobijas, trastes, lo que cada quien podía. No mencionaban ni a Alan ni al dragón. Solo Joe había sobrevivido a la transformación y no deseaba que alguien matara a su hermano, o que continuara esa letanía de derrota y vuelta a aterrorizar.

Ya había pasado más del mes, y una mañana escuchó gritos apagados, era Alan, de nuevo humano, que luchaba por escapar de su encierro.
Algo con lo que no contó Joe fue volver a abrir ese agujero. Sin embargo, la gente del pueblo le vio, cuando se dirigían a llevarle sus alimentos y rápidamente se dieron la voz de aviso entre ellos, viejos, viejas, viudas jóvenes, muchachas y niños, solo eso quedaba, y precisamente eso fue lo que le permitió a Alan escapar de su encierro.

Cerca del desmayo, el antes dragón, Alan logró ver el rostro amado de su hermano, y una infinita alegría le invadió, después solo hubo luz y paz.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Heterocromía

Las ventanas del alma, o los depositarios de lagañas, se les puede ver de muy diferentes formas, que si bien no son lo primero que mostramos a los demás (nos gana la nariz, por una nariz), son lo que puede impresionar y hasta enamorar a una persona cuando los ojos de otra se posan en ella, ¿y si son disparejos, qué? ¿Notaremos la diferencia, les rechazaremos por ser inusuales o simplemente marcaremos “ah, es diferente a mí”?
En realidad sólo estamos frente a una heterocromía, que se define como una mutación que hace que los dos ojos de una misma persona (o animal) presenten diferente coloración.

Esta rareza puede ser completa o parcial, congénita o adquirida, y depende del caso, si es sólo una característica de la persona o se le ve como un síntoma –de glaucoma, hemorragia, un objeto extraño en el ojo o falta de melanina–, lo que sí es un hecho es que aunque no se presente mucho, marca a quien lo tenga.

Aunque la heterocromía puede incluso significar que se tiene un tumor creciendo en el ojo, por lo que hay que ir al médico y descartar cualquier problema, hay casos en que la coloración diferente en ambos iris no representa problemáticas de salud.

Al igual que peculiaridades como el ser zurdo, que pasó de deshonra a característica, la heterocromía ha dado paso a que se le mencione pero no se estigmatice, sino que se le vea como una rareza.

En la red social Facebook hay una comunidad llamada “Gente con heterocromía”, donde quienes tienen esta característica comparten sus fotografías “en confianza”.

Se dice que puede afectar a 11 de cada 1,000 personas, esto en Estados Unidos, y también se puede desarrollar con el tiempo, por ejemplo el famoso caso de David Bowie, cantante inglés, que no tenía esta característica, pero tras un golpe en el ojo izquierdo, éste quedó con la percepción de profundidad defectuosa y eternamente dilatado, dando la apariencia de que tiene ojos de diferente color.



Casos famosos

Mi curiosidad por esta condición inició con Bowie, quien es a mi gusto el más notorio, a continuación presento algunos casos de famosos:


David Bowie: el cantante y actor inglés, de 68 años, ha sido expuesto toda su carrera a múltiples fotografías, dando claros ejemplos de su peculiaridad; se sabe que el causante del altercado infantil en el que perdió parte de su vista, George Underwood, sigue siendo su amigo.

Mila Kunis: la ucraniana nacionalizada estadounidense tiene un ojo café claro y otro avellana verdoso. Por supuesto que las noticias sobre su romance y posterior matrimonio con Ashton Kutcher han “opacado” su condición, además de que sus ojos son bellos, sean del color que sean.

Demi Moore: ¿casualidad? Las estadísticas mostradas en Estados Unidos dicen lo contrario, una de cada 100 personas tiene heterocromía, pues la cantidad de zurdos es de entre un 8 y un 13 por ciento de la población. El caso es que esta bella actriz tiene un ojo verde y el otro avellana, una sutil diferencia con Kunis. Ambas han sido pareja de Ashton Kucher.


Kiefer Suterland: Pocos observan su color de ojos, y la razón es que Kiefer no deja de moverse, pues desde su aparición en roles de acción –desde 2001 en la serie 24, mayormente–, no hay tiempo para observarlo, pero en sus ojos tiene una parte azul y la otra verde, parejos, eso sí.

Fechas, fechas

El ser humano, en general, se guía (demasiado, diría yo) por fechas:
En el año, que me acuerde, están las indispensables: el 1 de enero, día de recalentado y hasta regalos;
6 de enero, día de Reyes, con rosca y algún líquido dulce y delicioso para tragarla;
14 de febrero, cuando decimos a alguien (a quien sea) que es “nuestro Valentín”;
21 de marzo, se haya ido o no el frío celebramos la Primavera;
30 de abril, hay que festejar a los chicos por… porque sí;
10 de mayo, 10 de mayo, día tan grande y primoroso… ¿quién no tiene madre?;
31 de octubre, día de brujas, de dulces, travesuras, disfraces, sangre falsa;
2 de noviembre, día de muertos;
y fanfarria especial para el período de Guadalupe Reyes, donde el mexicano tiene posadas, misas, novenas, fiestas, karaoke, excesos en comida y bebida, adornos en casa, intercambios de regalos y un largo etcétera, donde corona la inefable Navidad.

Claro que hay que incluir el día del cumpleaños, aniversarios, fecha de quiebre con el ex, el día en que hace 30 años falleció la tía Chofi, la independencia, el día del afanador, de la secretaria, del periodista, de la mascota, de la mujer (¡jajajai!), de no fumar, de la bandera, de…

Y muchas veces la gente se pone a gozar o a sufrir por fecha.

No está mal, pero no lo veo sano cuando hemos de rememorar glorias y fracasos pasados, gente que ya no está a nuestro lado, cosas que ya no podemos hacer.

Estar aquí y ahora se refiere para mí a estar presente en el momento, la ocasión, sin expectativas y sin sufrir, sobre todo sin sufrir “porque soy su madre”, “porque hace 10 años me miró feo”, “porque hoy es día del cirujano, ¡y yo quería ser cirujano!”.

Ya lo dijo Lennon, “let it be”.

¿Por qué no le gusto a nadie?


Tengo 19 años y nunca he tenido novio. Nunca le he gustado a nadie. Ahora estoy en la universidad e imaginaba que las cosas iban a cambiar, pero veo que no.
Sí, soy fea, o así mucha gente me lo ha repetido. Pero aún así, me gustaría sentirme amada, apreciada.
Estoy harta de vivir de ilusiones. Me da asco mi vida.

Hola, muy interesante tu pregunta, porque en esta sociedad actual presiento que mucha gente piensa como tú. Vamos por partes, ¿estás dispuesta a no obtener respuesta y dedicarte a lo realmente importante?
Somos siete mil doscientos millones de personas en el mundo, aproximadamente, y hay gente de toda clase; si estás en la media y no tienes alguna deformidad, eres una persona común y corriente, tal como esa gente que se sale de la media por sus rasgos simétricos, y como esa gente, tienes personalidad, características y manías que a algunos gusta y otros no. Lo interesante es ver qué te dices: “soy fea, no le gusto a nadie”. ¡Tienes que gustarte tú! Lo demás es un plus. Enfócate en ello, solo en ello, gustarte, amarte, consentirte. Cuando la negatividad no ronde más por tu cabeza, volvemos a platicar, espero que no te importe si tienes novio, vas a vivir el resto de tu vida contigo, ¡échale ganas a esa relación!
La belleza está en nuestra mirada y es afectada por nuestra percepción. Nunca vuelvas a decir de ti algo que, sábelo, afectará la percepción que tienes de ti misma.

Pequeño cuento cumpleañero

Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz -Oyó cerca de su oído. Supo, sin necesitar abrir sus ojos, qué día era, qué hora era, o quién estaba invadiendo su tan amado espacio vital.
Había aprendido que la gente hace un gran barullo por los aniversarios, los nacimientos, las muertes.
Para ella el barullo se sentía igual a olas que amenazaban con ahogarla, sin embargo sabía que todo el día escucharía la misma cantaleta y sintió cómo la confusión y la rabia se apoderaban de ella.

No había forma de parar, a menos que con la poca cordura que aún sentía tener, gritara la palabra que aprendió del doctor, para casos de emergencia: ¡socorro!, gritó, aunque no era precisamente la situación que tanto le había dicho el especialista, nadie quería verla sin ropa, sólo se trataba de su mamá haciéndose la graciosa, tratando, de nuevo, de abrazarla, besarla, decirle que la amaba; cosas que ella nunca entendió, a pesar de su inteligencia.

El mensaje fue recibido. Su madre se retiró, dejó su cama, se alejó de su cuarto. Pudo oír que al alejarse lo hacía llorando. No sintió pena, el alivio era demasiado como para no disfrutarlo. Lejos de su cuarto, tal vez en la sala, había empezado a cantar Pedro Infante “las mañanitas”. El sonido paró de repente, lástima, le gustaba esa versión.

miércoles, 29 de agosto de 2012

¿Por qué no empoderar a Peña Nieto?




              La palabra empoderar puede llevarnos a una enorme discusión lingüística. Brinquémonosla. Digamos sólo que se refiere a conceder el poder a alguien que actualmente no lo tiene, y con ello, puede mejorar personalmente al igual que su entorno.
También digamos que nosotros, todos los mexicanos (112 millones de personas aprox.), somos el entorno de Peña Nieto, o sea, si a él le va bien, a nosotros también.
            El 37% de quienes votaron le dieron su confianza a Enrique Peña Nieto, él es el virtual ganador de las elecciones en el País, el virtual Presidente de México, ¿por qué no, el resto de los votantes, mejor aún, todos los ciudadanos, todavía mejor, todos los mexicanos, le damos un voto de confianza, nos imaginamos que tenemos el mejor presidente que pueda haber?
           Ya hemos recorrido el camino de inconformarnos, en casos tan álgidos como las votaciones presidenciales cuando ganó Salinas, cuando “se cayó el sistema (¿recuerdas?)” y un excelente candidato de izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas, digamos que perdió la presidencia. Protestas, plantones, marchas, alguna huelga de hambre, no lograron nada. Pero, al menos a mis ojos, cómo creció Cárdenas al preferir la paz de México.
            La siguiente elección volvió a perder, esta vez contra la sombra de Colosio. Sin embargo, la izquierda se hizo más grande, cada vez más grande y fuerte.
            La primera vez que Andrés Manuel López Obrador contendió para la presidencia, se autonombró presidente de deveras, logrando poco con su estrategia, pues no obtuvo esa legitimización de ningún otro país, o sea, fue visto como un candidato de izquierdas que no llegó a la presidencia y decidió pasar protestando durante el mandato legítimo de Fox . Finalmente dejó esa postura y comenzó a hacer proselitismo para su segunda campaña, misma meta, ser presidente de México, cosa que una muy respetable base de personas secundó, pero volvió a perder.
           El caso es que ganó Peña. ¿Y si lo imaginamos como un excelente presidente? ¿Y si lo visualizamos como un político muy respetuoso de los otros partidos y en general, respetuoso de todo el que no esté de acuerdo con él?
          ¿Qué pasaría si dejamos de burlarnos, minimizarlo, quejarnos y empezamos a buscar que cumpla sus promesas de campaña, que se desempeñe sabia y lógicamente?
          ¿Cómo ves si empoderamos a Peña Nieto tú y yo, y lo convertimos en lo que él dijo que podía ser y podía cumplir?
          ¿Qué tal si, con tu ayuda, sale bueno? ¿O, ganas algo burlándote de él? La crítica o la acción, pueden servir, pero la burla, ¿de qué?
          Digo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Visita de Fred Rdz. Dávila




Ayer 19 de junio, a 15 días de las elecciones, nos visitó en la colonia, el candidato Alfredo Rodríguez Dávila, y de entrada, fui harto agresiva, casi diría grosera.
En fin, que le dije “grillo” y luego que era de representación proporcional, a lo primero, contestó que no pidió permiso y que sigue cumpliendo con sus funciones como diputado federal, a lo segundo, que andaba yo miando fuera de la olla, que él llegó por ser votado, no como esos legisladores que llegan al poder por porcentajes.
Bueno, pues mil disculpas.  J
Marcó 5 compromisos, a saber:
1.- “Una vez que gane”, volverá con el resto de los regidores, diputados (imagino que del PAN), nos los presentará, para que nuestro contacto con ellos lleve a que una solicitud o denuncia, sea atendida en menos de 48 horas. Esto será difícil de cumplir, ¿no crees?
2.- Se mostró a favor de cambiar la ley de transparencia y rendición de cuentas, “La ocasión hace al ladrón”, dijo.
Al parecer no pone las manos al fuego por políticos de su partido, pues él mismo mencionó el tristemente famoso toallagate.
3.- Que el gobierno cumpla y (ahora sí) quite el pago de la tenencia (promesa incumplida por el actual presidente de extracción panista).
4.- Redireccionar el presupuesto para tener mayor seguridad. Rodríguez, su “expertise” es el presupuesto, él mismo mencionó con cierto orgullo, que le tocó la chamba del presupuesto de todo el País, ha de tener su chiste.
Como dato para llorar, y no parar, dijo que mi distrito, para el que está contendiendo, el 8 local, tiene asignadas DOS patrullas, somos 200 mil habitantes, creo que faltan una que otra.
5.- Cambar el sistema de procuración de justicia, la ley y el marco presupuestal. O sea, el hombre cree que podrá con el paquete. Veremos.

Una cosa sí dijo muy clara, que si la ciudadanía no se amarra los pantalones y exige haciendo ruido, habrá más de lo que ya sabemos. Es una buena idea, protestar, buscar lo que queremos y no cejar hasta logar… ¿qué quieres?, cerrar la colonia, que quiten los focos ahorradores que ni sirven, retirar permisos de uso de suelo no convenientes para la ecología, proteger a los vecinos que queremos vivir en paz... yo name it, como dice mi marido.
Mr. Alfred solito dio sus datos de face: Alfredo J. Rodriguez Davila ¡Yea, tenemos dos conocidos en común! Nop, son dos amigos periodistas, no vale. Chin.