Cumpleaños feliz,
cumpleaños feliz -Oyó cerca de su oído. Supo, sin necesitar abrir
sus ojos, qué día era, qué hora era, o quién estaba invadiendo su
tan amado espacio vital.
Había aprendido que
la gente hace un gran barullo por los aniversarios, los nacimientos,
las muertes.
Para ella el barullo
se sentía igual a olas que amenazaban con ahogarla, sin embargo
sabía que todo el día escucharía la misma cantaleta y sintió cómo
la confusión y la rabia se apoderaban de ella.
No había forma de
parar, a menos que con la poca cordura que aún sentía tener,
gritara la palabra que aprendió del doctor, para casos de
emergencia: ¡socorro!, gritó, aunque no era precisamente la
situación que tanto le había dicho el especialista, nadie quería
verla sin ropa, sólo se trataba de su mamá haciéndose la graciosa,
tratando, de nuevo, de abrazarla, besarla, decirle que la amaba;
cosas que ella nunca entendió, a pesar de su inteligencia.
El mensaje fue
recibido. Su madre se retiró, dejó su cama, se alejó de su
cuarto. Pudo oír que al alejarse lo hacía llorando. No sintió
pena, el alivio era demasiado como para no disfrutarlo. Lejos de su
cuarto, tal vez en la sala, había empezado a cantar Pedro Infante
“las mañanitas”. El sonido paró de repente, lástima, le
gustaba esa versión.
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