domingo, 29 de noviembre de 2015

Fechas, fechas

El ser humano, en general, se guía (demasiado, diría yo) por fechas:
En el año, que me acuerde, están las indispensables: el 1 de enero, día de recalentado y hasta regalos;
6 de enero, día de Reyes, con rosca y algún líquido dulce y delicioso para tragarla;
14 de febrero, cuando decimos a alguien (a quien sea) que es “nuestro Valentín”;
21 de marzo, se haya ido o no el frío celebramos la Primavera;
30 de abril, hay que festejar a los chicos por… porque sí;
10 de mayo, 10 de mayo, día tan grande y primoroso… ¿quién no tiene madre?;
31 de octubre, día de brujas, de dulces, travesuras, disfraces, sangre falsa;
2 de noviembre, día de muertos;
y fanfarria especial para el período de Guadalupe Reyes, donde el mexicano tiene posadas, misas, novenas, fiestas, karaoke, excesos en comida y bebida, adornos en casa, intercambios de regalos y un largo etcétera, donde corona la inefable Navidad.

Claro que hay que incluir el día del cumpleaños, aniversarios, fecha de quiebre con el ex, el día en que hace 30 años falleció la tía Chofi, la independencia, el día del afanador, de la secretaria, del periodista, de la mascota, de la mujer (¡jajajai!), de no fumar, de la bandera, de…

Y muchas veces la gente se pone a gozar o a sufrir por fecha.

No está mal, pero no lo veo sano cuando hemos de rememorar glorias y fracasos pasados, gente que ya no está a nuestro lado, cosas que ya no podemos hacer.

Estar aquí y ahora se refiere para mí a estar presente en el momento, la ocasión, sin expectativas y sin sufrir, sobre todo sin sufrir “porque soy su madre”, “porque hace 10 años me miró feo”, “porque hoy es día del cirujano, ¡y yo quería ser cirujano!”.

Ya lo dijo Lennon, “let it be”.

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