domingo, 25 de diciembre de 2011

¿Para que se haga hombre?





Busco en mi historia personal, y no encuentro un rito de paso como pudiera seguir existiendo en nuestra sociedad, mayormente para los hombres, tal vez es porque nací mujer.
Al buscar, encontré el día de mi menstruación, hecho que conocía por los libros de mis hermanos mayores, y las toallas que estaban en el baño, tal vez alguna plática en la escuela. Fue un 12 de octubre, día de la Raza. Tuve la rara oportunidad de ir al cine a Monterrey, y no la desaproveché, al verme manchada, me cambié, me puse un Kotex (única marca entonces) sujetado con dos seguritos a mi ropa, porque antes no tenían manera de adherirse (ni alas, ni manzanilla, ni desodorante, no barrera protectora, ni forma alargada para la noche o chiquita para la tanga, etc., eran simples), y sin decir una palabra en mi casa, me fui a ver “Castillos de Hielo”.
Cuando regresé fui al baño, llamé a mamá y le dije que ya me había pasado, ella comí algo, una concha o así, y me escuchó, vio cómo me las había arreglado, y me dijo que muy bien, que estuvo bien. ¿Así me convertí en mujer? Oh.
¿O fue cuando, tras incontables peleas a golpes con mi hermano - un año y medio mayor que yo -, me percaté de que las últimas cuatro las había ganado él, y que ya nunca volvería a ganarle?  Asumí mi papel de niña débil y giré a la estrategia de llorar cuando él llegaba a provocarme, listilla yo.

En mis 15, recibí de regalo el arreglo de mi dentadura, no fiesta; a mis 18 ya manejaba un carrito usado y cuando entré a la universidad, al menos en esa, nadie me rapó, no me obligaron a tomar orines, no entré a fraternidad alguna, ni partido político. Decidí ser una periodista imparcial, y navegar por esta vida, no probándola, sino contando lo que consideré en su tiempo, importante (noticias locales).
Años han pasado, y soy medianamente pacifista, ligeramente partidaria de la no violencia a los animales, rechazo el arte de la Fiesta Brava, por sanguinario, la Pamplonada me parece una borrachera tonta, y aún así, mi hijo está a unos días de su iniciación: el venado que matará le fue asignado desde hace mucho tiempo.
Esta semana, mi hijo menor, pero el único varón, irá a un rancho cercano y realizará el ritual que antes hizo su padre, su tío, varios primos, supongo que se inició al menos en mi familia (política), hace dos o tres generaciones, la primera caza, su primer pieza, el primer animal enorme, capaz de matarlo, muerto por una de las balas de su arma.
A mi hija ni siquiera se le preguntó si le gustaba el sabor de la carne de venado, ¡ja, mejor!
El tema más celebrado en mi Noche Buena fue el venado ¡de ocho puntas! que mató el sobrino, que cursa todavía la educación básica, su aventura, la emoción, la espera, el titubeo, el disparo, y… el golpazo que le propinó la mira telescópica del rifle a su frente. Ja, todos felices por él, todos felicitándolo, mi hijo no tiene pretexto, ya está en secundaria. Además, le gustan las armas, Dios me lo cuide.
Por cierto, no exagero al decir que un venado puede matar a su cazador, si estando herido, el cazador se le acerca sin precaución, sus filosas astas desbaratarían a cualquiera, haz de cuenta Wolverin.


No me voy a pelear con mi marido, la vida es demasiado bella, imagino que será esta vez nada más, supongo que volverán sanos y salvos, y mi hijo ya hecho “un hombre”.
Sin embargo, no puedo evitar decir mi opinión: los ritos de iniciación son obsoletos si no los llevamos de la mano con nuestra cultura, con nuestra formación cívica y religiosa, si no entendemos que ya no somos una tribu que abandonaba al nene con los animales salvajes a su suerte, y como premio a que sobrevivió se le daba cabida en la sociedad (¿viste 300, la película?, bueno haz de cuenta).
Hay ritos de paso o iniciaciones que sí me laten, como los de los grupos de Scouts  y Guías, para obtener la pañoleta, para pasar de nivel, para demostrar que se puede sobrevivir solo en un área despoblada (es lo mismo pero no es igual, incluye compañerismo, respeto a la naturaleza, cacería, tal vez , no matanza sin un propósito).
Las graduaciones con birrete, las bodas religiosas, las puntas de la piñata, el niño en la Rosca de Reyes, aprender a manejar, nunca gastar el primer cheque recibido, llevar algún regalito si vamos a hacer una visita, ceder el asiento a viejos o embarazadas, la primera vez que votamos, la vida está llena de pequeñas ceremonias. Hay cosas y acciones que antes no podíamos y que después sí, cuando alcanzamos la altura, el conocimiento, los méritos, cuando nos lanzamos y atrevimos, después de salir a cantar frente al público, una vez que se nos cae el diente, cuando ya no eres tú, sino tu prometida quien lleva el anillo de compromiso, pues dijo sí… entonces ya somos otro, mejor, más.
Muchos años después de su iniciación a la hombría, mi marido, harto de disparar, comenzó con la arquería, sobre venados, claro. Una madrugada, después de estar horas quieto en el punto que escogió  el día anterior, se asomó a su rango de mira un animal, macho, adulto, de no sé, muuuchas puntas (o astas, equivalen a su edad), y lo miró, él no pudo, no quiso tirar, podría, pero no lo hizo, el venado - sin saberse indefenso -, orgulloso, altivo, cautivó de tal manera a ese cazador empedernido, que nunca más volvió a matar por gusto.
¿No podría evitársele a mi hijo ese paso, y que inmediatamente se le enseñara el siguiente: misericordia? Digo.

2 comentarios:

  1. Ayer precisamente, le comentaba a mi esposa cuando cumpli 6 años, mi papá me regaló un rifle de postas "daisy", una poderosisima arma, durante algunos meses, no hubo corcholata ( en aquellos años, aún eran de lata y corcho ) bote de lamina u anacua que se resistieran ante las rafagas de mi cañon. Años más tarde, a los 13 años, aquel noble pasatiempo se convirtió en una obsesion en pro del exterminio de la faz de la tierra de abispas, abejas, homigas, palomillas, y una gran variedad de insectos realmente muy molestos,movido siempre por la sed de vanganza, habian picado reiteradamente a mi abuelo Everardo. Yo no podia permitir un nuevo ataque.
    Durante meses, después de la escuela cumplí mi misión, hasta que las fuerzas armadas de la policia de Villa de Santiago me descubrieron y tuve que entregar las armas. Ahí terminó mi carrera belica.

    Posteriormente a los 18 años, cierta noche, un primo llegó a invitarme a dar la vuelta por el centro de Monterrey, pedí permiso a mi papá y él con una mirada de complicidad accedió y no solo eso, sino que me proporcionó los medios para el fín; Vechiculo y dinero(para que querría yo dinero, mas tarde lo descubriría ":)") quizás pensó, ya es hora de que " SE HAGA HOMBRE EL CABRON ", ( frase robada de mi Tío Rosendo ).

    Hoy, con el pasar de los años, me he dado cuenta que ninguno de aquellos dos eventos me hicieron ser más "hombre", simplemente conocí algo más de ésta vida.

    Coincido totalmente con Don Melchor Ocampo, cuando menciona que lo que un hombre necesita para ser un completo hombre, extrañamente es UNA MUJER.

    Y si además se tienen hijos, la realización es más completa, y si se goza del cariño y el respeto de ellos, ya la hicimos.

    Sin embargo y muy a mi pesar, me falta mucho.

    lease.

    http://www.leonismoargentino.com.ar/RefSerHombre.htm

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  2. :) ...¿y ya le preguntaron a él si desea realizar tal actividad?
    Bueno, tal vez si, y tal vez su respuesta fue afirmativa. Sólo espero que de esto no haga su modus vivendi y que, una vez realizado el rito, la cordura vuelva a él y se olvide del asunto.
    Lo que más gusto me da, es que estés escribiendo, es lo tuyo, definitivamente :)

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