¿Qué probabilidades había de que el pepenador que he visto en mi colonia se llamara como mi papá? Nunca he tomado clases de Estadística (que me dicen, es dificilísima), pero el nombre de papá no era José, ni Pedro, o Alberto; aunque sí está en el santoral, resulta que papá se llamaba Magdaleno, Noé Magdaleno.
Nos quedamos en que llegué con tiempo a mi casa, estacioné el auto y me fui buscando por las calles al pepenador y la pepenadora que había visto tantas veces, quería saber qué los llevó a ese trabajo equiparable al de la cucaracha en el reino animal.
Los encontré, y con las primeras preguntas me di cuenta de que el señor no estaba muy bien, mentalmente. No se veía agresivo, pero tampoco comunicativo. La señora vino a mi rescate, y dijo que “a él no le gusta hablar”, así que me centré en doña Mary.
Yo no podía quitarles su tiempo –no había hecho cita, la verdad-, eran dos pepenadores ocupados y con pendientes, con una agenda y cosas qué hacer después, así que me uní al pequeño grupo y anduvimos calle arriba.
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| No quiso que le tomara fotos de cerca, ésta, salió de lejecitos. |
Mientras se hacía la entrevista, me enteré de cosas que aún no puedo corroborar, pero las transmito al costo: Doña Mary es madre del señor (Magda)Leno, y como hace años su esposo sufrió un accidente que lo dejó imposibilitado para trabajar (en la obra, era albañil), ella y su hijo mantienen el hogar con la pepena de periódicos. Obvio es decir que el señor no estaba asegurado y no recibe compensación alguna por haber perdido la capacidad de trabajar tras el accidente.
¿Será cierto que doña Mary no recuerda sus apellidos, ni su fecha de nacimiento, ni en dónde nació? Cómo saberlo. Recuerda que se casó muy jovencita. Lo que sí sé es más o menos dónde vive, en una colonia muy pobrecita a un lado del centro comercial cercano a mi casa. Es muy curioso, porque la colonia fue bardeada para que no se notara su “fealdad” cuando uno va a VO. ¿Ya sabes qué colonia es? Bueno, allí vive doña Mary.
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| Señor Leno |
Sólo tuvo un hijo, Leno, quien “ya está mejor”, porque ya habla y se puede controlar, no sé qué clase de tara, minusvalía, síndrome, tenga, lo que sé es que se corta el pelo como dos veces al año a rapa y que no se peina, o al menos no parece. Recorren las calles de mi colonia y otras cercanas “a lo seguro”, tocan donde saben que les guardan el periódico, ambos traen forma de transportar su carga, ella más chica, como “diablito” pequeño, él con una especie de bicicleta con canasta grande. Sin importar el clima ellos recorren las calles en busca de periódico que después venden.
Como no quería revelar su “contacto” doña Mary no fue clara respecto a cuánto recibía y quién se lo compraba, pero al menos supe que no iban a venderlo al centro de la ciudad, sino que “alguien” se los compraba "por acá".
Ninguno de ellos estudió, no tienen credencial de elector, ni seguro de gastos médicos, no cotizan para INFONAVIT, ni saben quién es el actual presidente, ni pertenecen a club, sociedad, cooperativa alguno. Pareciera que su historia se plasma (que no escribe, porque no saben) día a día y se borra de la misma fácil manera, en la hoja del periódico de ayer, siempre el de ayer, el desechado, la basura, pues.
Propósito de año nuevo: ayudar a doña Mary y Leno, no me cuesta nada, sólo es cosa de darles mi periódico inservible, pequeño gesto para mí, para ellos, una lanita más y tal vez el ahorro de un poco de tiempo, porque a ella la espera después el trabajo de casa y atiende al enfermito. El trabajo de la mujer nunca se acaba, dijo resignada la mamá del señor que se llama como mi papá.



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