Desconozco el origen del dicho, pero es muy usado por mi marido, cuando se encuentra a alguien y ese alguien sugiere “hay que juntarnos”, “a ver si nos vemos”, y otra sarta de vaguedades. Si tras el comentado dicho su interlocutor no presenta signos de buscar un día y una hora, él simplemente se desentiende, y hasta que la casualidad los junte.
Las fechas realmente importan, si no contáramos al menos con el imperfecto calendario gregoriano, ¡qué sería de nosotros!
Pero asomémonos primero a lo que tenemos: cuando el ser humano tiene o siente que tiene una necesidad, busca y si no encuentra, crea. Así lo hizo con las palabras, con el intercambio de mercancías y posteriormente con dinero, con el tiempo, las medidas, las distancias, el habla, el conocimiento ya adquirido, con todo lo que requirió ser nombrado, contado, especificado.
Pero el hombre, son muchos hombres (y mujeres, no te enojes), con diferentes necesidades y respuestas diferentes a preguntas similares, es por eso que en casi todo el mundo el asiento del piloto en un auto está a la izquierda, y en unos cuantos países, a la derecha; que hay yardas y metros, yenes, dólares y pesos, calendarios Gregoriano, Chino, Maya, solar, etcétera.
La inmensa mayoría de la gente que conozco se rige por el Calendario Gregoriano, aunque es obvio que tiene imperfecciones (el pobre febrero, mocho e irregular, por ejemplo más burdo), sin embargo la homologación es lo que nos salva del caos, de Babel.
Imagina que fuéramos tan egocéntricos, individualistas, que sintiéramos que sólo nosotros tenemos “la verdad”, nuestro País se aislaría irremediablemente, al no compartir los usos y costumbres de la mayoría, o del Aliado o socio en turno.
Los chinos tienen su año nuevo entre enero y febrero, los judíos en septiembre, y el año nuevo para los musulmanes caerá en noviembre este año, así que la regla será: a la tierra que fueres, haz lo que vieres (nada con exceso, ¿he?).
Tengamos la religión, filosofía o nacionalidad que sea, hay un común denominador para todo ser humano que desea recordar las fechas importantes (cualquiera que sean para él): una buena agenda.
Mi tío Rosendo usaba una carpeta con tantos separadores como días tenía el mes e iba aventando papelitos (los pendientes) en el día en que tenía que realizarlos, pagarlos, citarse, etc.
Mi amiga MaElena me enseñó a apreciar una agenda grande, en la que quepa no sólo una palabra de referencia, sino el poema que se me ocurrió, el teléfono o correo electrónico de un contacto, la receta que pasaron en la tele ese día, las agendas chiquitas no permiten casi que escribas nada.
Y por supuesto Lilita, la tía extraordinaria que no me ha dicho su secreto, pero nos llama para felicitarnos en cada cumpleaños, aniversario, santo, ¡pareciera que está pendiente de todo de toda la familia!
Claro que los cibernéticos, chicos del siglo XXI preferirán la Palm (obsoleto, Carmen, obsoleto), el I-Pad, o el celular, pero el papel tiene la ventaja de que se puede archivar, sacar una década después y ¡tatan! Ahí está el número de veces que fui al podólogo, cuánto me cobró y cómo fui a encontrar quién da equinoterapias en la ciudad (verídico, el esposo de mi podóloga).
Mi Palm yace en el fondo de un cajón, sin batería y por supuesto, con los archivos en blanco.
Al escoger tu agenda, querido amigo, te sugiero que decidas bien, hay unas con el calendario escolar, que van de julio a junio, buenas si estás estudiando, las que tienen una frase motivacional por día (muy lindas las de Louise Hay), las que traen el santoral y nunca te verás mal felicitando a la gente por su santo, hay las muy ejecutivas, las color rosa y con brillitos, para jovencitas, las que incluyen calcomanías (por favor, nunca les digas calcamonías, ¡please!), con espiral, cosidas, de cuero, con ranitas, deportivas, con pesos, medidas, conversiones, capitales mundiales, …
Lo que sí no se vale, es no usarlas, o tu agenda en el cel, o un sistema de post its en el espejo del baño, también sirven los marcadores para pizarrón blanco, excelentes recordatorios. Pero, carajo, que no nos gane “el alemán”, la desidia, la trampa, la flojera.
Este año nuevo, deseo que tú y yo escojamos una bonita agenda, y la usemos sabiamente.
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